9 Feb, 2008 in General by Joaquín Córdova

Predecir para saber vivir.

PREDECIR PARA SABER VIVIR

Joaquín Córdova Rivas

Eso de adivinar el futuro es cosa seria. Por eso no hay que dejarlo en manos de charlatanes o de políticos. Pero brincar en el tiempo, prolongar nuestros sentidos más allá del presente requiere de actitud y conocimientos; ya Einstein demostró que el tiempo es relativo, que en ocasiones es lento hasta la desesperación y en otras se nos escapa rápidamente sin misericordia alguna.

La actividad científica es como intentar atrapar algo que no existe en el presente, por eso los métodos para conocer la realidad se están transformando, ya se vale utilizar la fantasía, la intuición, el dar saltos en el vacío teórico sin red de protección, aunque se salgan de quicio los metodólogos ortodoxos, pero no es algo que se haga a lo loco, para brincar hay que estar bien afianzado en algo, aunque al dar el salto ese algo se desvanezca en el pasado dejándonos, por algunos instantes eternos, flotando en la nada.

Dos ociosos que tenían mucho que hacer, los señores Sian Griffiths, entonces jefe de redacción de The Times Higher Education Supplement y Jonathan Weiner autor de The Beak of the Finch (1995, Premio Pulitzer), se dieron a la tarea de recopilar 31 predicciones del mismo número de pensadores de diversas ramas del pensamiento, el salto temporal, para que tuviera chiste el ejercicio, tenía que abarcar hasta el año 2100. Estas miradas, algunas optimistas y otras no tanto, aparecieron publicadas en un libro llamado Predicciones: 31 grandes figuras pronostican el futuro, en el año 1999, su traducción al español en el 2000 en editorial Taurus.

Tal ejercicio de imaginación no es infructuoso, después de todo, como sostiene uno de los participantes y asiduo habitante de este espacio, el semiólogo Umberto Eco: “Yo digo que no puede haber una verdad que no resulte de la interpretación que hace la gente de la realidad, y, por consiguiente, de un contrato social”. Y los contratos sociales se construyen, a veces comienzan con expectativas de lo que puede ser, con deseos de hacer algo, de mejorar.

Pero la terca realidad también impone sus límites y no se trata de creer traspasarlos nada más por pura voluntad: “hay algo en la realidad que ordena: «No, esto no se puede decir». La negación es lo más parecido a la verdad. Lo que es verdad es que no se puede decir algo porque traspasa los límites”. Nuestro invitado no niega el valor de lo audaz, sólo quiere alertar contra el embelesamiento de alguna idea que después haya necesidad de rectificar. “Tengo que decir que procuro no hacer esta clase de predicciones. Imaginemos simplemente lo que ocurrió cuando se inventó el dirigible. Qué cosa más maravillosa, pensó la gente, poder viajar por el aire como los pájaros. Y entonces se descubrió que el zepelín (como se le llamó al dirigible) era un invento sin porvenir. El invento que sobrevivió fue el aeroplano… La moraleja de esta historia es que en filosofía y en ciencia hay que tener mucho cuidado para no enamorarse del propio zepelín.”

Hay que hacerle la lucha pero sabiendo que siempre existe un margen de error, que aferrarse a ciertas ideas sin estar confrontándolas con lo que sucede a nuestro alrededor nos deja fuera del juego científico, y hasta del juego de la vida. No puede haber peor tragedia que quedarse anacrónico estando todavía vivo y todo por evitar hacer el ridículo, como si nuestra imagen pesara más que la esencia.

Un joven pensador mexicano –digo joven porque tiene menos años que el que esto escribe, para que vean lo relativo del tiempo—, Jesús Silva Herzog-Márquez, comentando el reciente libro del filósofo polaco Kolakowski ¿Porqué existe algo en lugar de nada?, dice que: “Para pensar hondo hay que reírse a boca abierta –y empezar en la cita con el espejo. Sólo el humor nos salva del malhumorado y sentencioso dogmatismo”.

Para contribuir con el humor algunos proponen adivinar el pasado, así no hay pierde y además da la oportunidad de darle una repasada a nuestros traumas colectivos, descifrarlos, entenderlos y superarlos. Buscar que nuestro pasado, el que dice nuestra historia oficial, no sea un destino ineludible, es y ha sido tarea de las ciencias que estudian al hombre, esas despreciadas ciencias sociales que algunos creen que no producen nada y que hay que eliminarlas de las escuelas. Pero de nada sirve tener unas manos que pueden hacer muchas cosas si se tiene la mente encadenada.

En fin, ¿se cumplirán algunas de las predicciones del libro que comenzamos comentando? Quien sabe, lo que no se puede negar es que son un buen ejemplo de imaginación, de ese afán por alcanzar el futuro, de saber de antemano que los esfuerzos cotidianos valen la pena y que nuestro fugaz paso por el mundo tiene sentido.

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  1. Azmodan - Gravatar

    Azmodan  |  February 10th, 2008 at 12:13 pm #

    Aunque debo decir que el predecir implica mucho razonar y un tanto de adivinar. No recuerdo quien dijo una frase muy buena que dice: “El error más grande del hombre es que piensa cuando tiene que sentir, y siente cuando tiene que pensar”

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